Historia

Nuestro Fundador: El Padre Simón

Simón López Sanz (1902 – 1980)

Fundador de las Misioneras Seculares de Jesús Obrero (1955)

    Espíritu humilde, modelo de nobleza y de bondad, celoso y fiel Fundador, ilusionado y apostólico, D. Simón López Sanz fue un sacerdote de corazón ardiente, enamorado de la santidad Nada en su vida brilló tanto como el deseo de que todos los hombres conocieran y amaran a Jesús y vivieran en conformidad con su mensaje de salvación.

    Sus brillantes estudios, culminados con tres doctorados, le ponían en la plataforma de misiones gloriosas a los ojos humanos. Le abrían las puertas de los triunfos en la tierra y en la sociedad Incluso le ofrecían el brillo en la Iglesia, si hubiera elegido el renombre entre los hombres.

    Mas prefirió Don Simón vivir el carisma sacerdotal grabado con el fuego del amor divino en lo más profundo de su mente y de su voluntad Desde el comienzo de su sacerdocio comprendió con claridad que lo importante es hallarse cerca de Dios y hacer que todos los hombres se entreguen a las exigencias del Reino de Jesús. Por eso se elevó por encima de sus triunfos humanos y de sus brillantes éxitos académicos y se dedicó a la tarea humilde y silenciosa de una Parroquia. Lo hizo con admirable tacto y con muchos amor.

    A los veinte años de su sacerdocio, y nombrado responsable de una Parroquia obrera llena de necesidades y de posibilidades, descubrió de cerca el mundo de los trabajadores. Para ellos ordenó en adelante su vida pastoral. Yen el trabajo de cada día pasó otros treinta años seguidos, sin descanso y con ilusión siempre renovada, entregado a cuantos esfuerzos le dictaba su corazón de oro.

    Esos treinta años fueron el termómetro de su fortaleza y fidelidad. Sabía sembrar a su alrededor multitud de iniciativas apostólicas. No le asustaban ni las carencias de medios ni los obstáculos de todo tipo que le salían al paso. Su amor a Dios y a los hombres era tal que jamás se escondió ante quien necesitaba su palabra sacerdotal, su gesto de alMo humano, su reproche en ocasiones.

        – Pero sus preferidos fueron los pobres, los sufrientes y los niños. Desde sus años juveniles conservó predilección por los jóvenes y los obreros. Supo como pocos lo fácil que resulta sembrar el mensaje de .Jesús en ellos. Lo aprendió siendo capellán de las Hijas de la Cruz. Y por eso cultivó con amor este ideal, convirtiéndolo en fuente y motor de muchas iniciativas.

        – También supo lo que eran los nuevos tiempos y el valor decisivo que tenían los seglares en un mundo en donde el trabajo endurece, en donde los cambios hacen a los hombres móviles y en donde los obstáculos suscitan las reivindicaciones y reclaman caminos para progresar y para vivir en actitud de renovación permanente.

        – Por eso se esforzó con habilidad para despertar y consolidar la conciencia bautismal entre los seglares. Y para ello organizó con sabiduría el «Instituto Secular de las Misioneras de Jesús Obrero’; con sensibilidad a los nuevos tiempos y con sentido de servicio a los ambientes vinculados al mundo del trabajo.

    Su mensaje permanente se centró en la importancia que tiene la entrega a Dios.

    Convencido de que Dios pide el esfuerzo y no el triunfo, a todos quiso contagiar con su inagotable amor divino. Por eso siempre invitaba a sus muchos dirigidos y, sobre todo, a los miembros de su Institución, a la que tanto amó, a que hicieran todo lo que Dios les pedía, pues eso era la santidad para él.

    Corazón dulce por naturaleza, compasivo y generoso sin medida, ponía el sello de su sonrisa inmutable en todo lo que tocaba con el don de su presencia. Allí donde D. Simón aparecía, se vislumbraba la llegada del mismo Jesús, cuyas palabras evangélicas af/oraban sin cesar en sus labios.

    Los muchos trabajos debilitaron su corazón. Hombre sufrido, recio y heroico en el sacrificio, recibió la llamada de Dios cuando se reponía en las costas del Mediterráneo de los últimos ataques cardíacos con que Dios le preparó para su definitiva recompensa. Y aquel corazón sacerdotal, que tanto amó a los hombres, dejó de latir un día según las leyes de la vida terrena para iniciar el latido eterno de la paz divina.

ITINERARIO BIOGRÁFICO

1902. 24 de Enero. Nace en Baracaldo, cerca de Bilbao, en el barrio de Eguskiaguirre. Su padre trabajaba en los Altos Hornos. Varios hermanos adornan aquel hogar cristiano y de costumbres sencillas.

1910. Comienza a frecuentar la escuela local

1914. Ingresa en el Seminario.

1920. Inicia los estudios en la Universidad de Comillas, en Santander. Sus estudios son brillantes y su inteligencia despierta. En Comillas recibe las Ordenes Menores y Diaconado.

1927. 25 de Julio. Recibe la ordenación sacerdotal en Comillas. Celebra su primera misa en la capilla de la Fundación Miranda, el día 31 del mismo mes, fiesta de San Ignacio de Loyola. Sigue en los estudios y obtiene el Doctorado en Filosofía y en Teología. Más tarde Obtiene el Doctorado en Derecho Canónico.

1934. Es nombrado Capellán de las Hijas de la Cruz, en Landáburu. Muestra su celo con su entrega a la catequesis.

1940. Funda y anima una cocina económica al servicio de los muchos inmigrantes que frecuentan la zona.

1947. 10 de Marzo. Es nombrado Párroco de San José, en Baracaldo, en donde se mantendrá durante largos años.

1948. Su centro de referencia está en la Acción Católica. Organiza la Cofradía de «El Cristo del amor y de Ntra. Sra. de la soledad»

1950. Comienza a funcionar la emisora parroquial «E A 12 H» Y sigue editando la revista juvenil «El amigo de los niños y de los mayores». Inicia dos cines parroquiales, en Landáburu y Zuazu, como forma de proteger a los niños y jóvenes

1952. Algunas de sus auxiliares seglares en la Catequesis quieren reunirse en grupo y llevar una progresiva vida de comunidad. Son jóvenes entregadas a actividades catequísticas y educativas.

1955. 12 de Diciembre. Recibe la aprobación Diocesana el «Instituto secular de Misioneras de Jesús Obrero», que ha organizado con esas colaboradoras que le ayudan en sus obras apostólicas. Lo orienta hacia la enseñanza escolar y a la atención de jóvenes obreras en residencias de acogida.

1956. Por su ascendiente sacerdotal, es nombrado Arcipreste de Baracaldo.

1962. Edifica el Colegio de la Inmaculada, en Lurkizaga, Baracaldo.

1976. Se jubila como párroco de Baracaldo. Su salud se deteriora. Sufre varios infartos. Por consejo médico, fija su residencia en Baracaldo.

1980. 31 de Octubre. Fallece de paro cardíaco en Alicante, donde se halla pasando una temporada por su salud. Es trasladado a Baracaldo y enterrado.

Escritos:

– Constituciones de las Misioneras seculares Hijas de Jesús Obrero.

– Epistolario.

BREVE NOTA HISTÓRICA

El origen de nuestra Institución se remonta al año 1.948, en el que el P. Simón López Sanz, Sacerdote de la Parroquia de San José de Baracaldo, movido y urgido por ese celo de llevar más almas a Cristo, un 19 de marzo, festividad de San José, presenta el seguimiento a Jesús mediante una vida de mayor oración y sacrificio, (ideas fundamentales sobre las que asentará la futura fundación), a lo que él llamaba el GRUPO, formado por unas jóvenes catequistas que destacaban por su piedad.

Transcurridos dos años, y al ir incorporándose nuevos miem­bros con el deseo de consagrarse al Señor; no pudiendo permane­cer sordo a la urgencia del Espíritu, un siete de Junio de 1.955, después de una laboriosa redacción, el P. Simón, presenta las Constituciones al Obispo de Bilbao, Dr. Don Casimiro Morcillo, para su correspondiente aprobación eclesiástica; recibiendo la feliz noticia de su aprobación, juntamente con el Decreto de erec­ción en Pía Unión «Misioneras Seculares de Jesús Obrero», el día 12 de Diciembre de 1.955, firmado y rubricado por Don León María Martínez, por mandato de S.S. Iltma. Dr. Don Francisco Aurteneche.

LLevado por el deseo de dar más gloria a Dios, y animado por Don Pablo Gúrpide, Obispo de Bilbao, se decide expansionar la Institución a otras diócesis, Madrid, Valladolid y Burgos.

Después, a petición formulada por la Directora General de la Pía Unión, con su Consejo, el Excmo. Mons. D. Luis Mª Larrea, consulta a la Sede Apostólica la conveniencia de erigir dicha Pía Unión en Instituto Secular de derecho diocesano, previa renova­ción de las Constituciones a tenor del c. 579 del vigente Código de Derecho Canónico.

Por último, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, después de un estudio atento de las Constituciones y tras varias transformacio­nes del texto de las mismas, mediante comunicado del 5 de Julio de 1.997, concede el Nihil Obstat para dicha erección en la Diócesis de Bilbao, estimando que el texto de las Constituciones, en su última redacción presentada, puede ser aprobado.

El Decreto de erección fue firmado por Don Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao, el día 23 de Noviembre de 1.997, Festividad de Cristo Rey, dando lectura de dicho Documento el día 28 de Noviembre de 1.997, con la renovación de los votos, en presencia del Vicario Don Victoriano Madarieta y del Obispo Auxiliar de la Diócesis de Bilbao, Don Carmelo Echenagusía.

Somos una Asociación de Vida Apostólica que profesamos el seguimiento a Cristo en castidad, pobreza y obediencia, en el contexto de las estructuras temporales, buscando transfigurar el mundo desde dentro con la fuerza de las Bienaventuranzas.

CARISMA Y ESPIRITUALIDAD.

Las Misioneras,  alentadas por la fuerza del Espíritu Santo, aspiramos a cooperar en la Misión Salvadora de Cristo y a hacer presentes en el mundo los valores del Reino.

Nuestro fin es la gloria de Dios mediante la santificación personal por la práctica de los consejos evangélicos en medio del mundo.

La caridad de Cristo nos urge a la evangelización y promoción de los pobres, bien se los considere material, espiri­tual o intelectualmente pobres, así como trabajar para que ellos mismos sean apóstoles en el propio ambiente.

Trabajamos a favor del mundo obrero, esforzándonos en la realización de la justicia social y el respeto de la dignidad humana.

Nuestra espiritualidad es ante todo, Cristocéntrica y Mariana, buscando ser misioneras de la Buena Nueva del Reino de Cristo.

Atraídas por la persona de Jesús y confiadas en su gra­cia, aspiramos a «tener los mismos sentimientos de Cristo» (cf. Flp 2, 5), en total disponibilidad a la acción transfor­madora y santificadora del Espíritu Santo.

Las Misioneras damos testimonio de nuestro «vivir en Dios» esforzándonos en llevar una vida interior seria e intensa; para poder comunicar la vida de Dios en abundancia a quienes nos encontremos.

Nuestra fisonomía espiritual es la de ser: ALMAS POSEÍDAS ENTERAMENTE DEL EVANGELIO, CUYO DISTINTIVO ES EL AMOR., POR LO QUE NUESTRA VIDA SERÁ DE ORACIÓN Y SACRIFICIO.

Vivimos plenamente conscien­tes de nuestra inmersión en el mundo, para conducirlo a Jesucristo, cristianizarlo, salvarlo y santificarlo.

En la espirituali­dad de las Misioneras, la Virgen, es ejemplo sublime de perfecta consagración secular, por su entrega total a Dios y por su cercanía a Cristo.

En nuestra relación filial con María, encontramos un camino privilegiado para la fidelidad a la vocación recibida y una ayuda eficacísima para avanzar en ella y vivirla con plenitud.

NUESTRA FORMA DE VIDA.

   Las Misioneras vivimos en las circunstancias ordinarias del mundo, en grupos de vida fraterna, solas o con la propia familia. 

   En la condición evangélica de discípulas, hemos de poner en práctica el mandamiento nuevo del Señor, amándonos unas a otras como Él nos ha amado. 

   La comunión fraterna, la llevamos a cabo: 

  • En la unidad del mismo espíritu,
  • En la participación en un mismo carisma de vida secular     consagrada,
  • En la identidad de la misión específica,
  • En la fraternidad de la relación recíproca y
  • En la colaboración activa en la vida del Instituto. 

   Las vida fraterna es una ayuda mutua en el cumplimiento de la propia vocación personal.